La actividad minera en la región genera grandes debates porque, según sus detractores, destruye la biodiversidad, contamina el aire y el agua, y genera consecuencias sociales, dependiendo del tipo de minería del que se trate. Sin embargo, los gobiernos se ven en la disyuntiva de aceptar los grandes proyectos mineros, y lidiar con sus consecuencias, ante la necesidad de atraer millonarias inversiones.

En el siguiente especial, SciDev.Net presenta cuatro casos de proyectos mineros de Sudamérica que demuestran las controversias desatadas entre los diferentes actores, las posibles consecuencias de los megaproyectos y la complejidad del concepto ‘minería sostenible’.

Chile: zona de biodiversidad única sigue amenazada

El 27 de abril el proyecto minero-portuario Dominga obtuvo un importante triunfo. Ese día el Primer Tribunal Ambiental de Antofagasta acogió la reclamación de Andes Iron, propulsores de la iniciativa, contra los rechazos anteriores del proyecto de más de US$2.500 millones por  la Comisión de Evaluación Ambiental (CEA) de la Región de Coquimbo y el  Comité de Ministros del Medio Ambiente.

Pero la empresa todavía no puede cantar victoria ya que la organización ambientalista Oceana anunció que llevará el caso a la Corte Suprema. Si la Corte Suprema respalda la aprobación del Tribunal Ambiental de Antofagasta,  el proyecto volverá a la CEA que probablemente lo aprobará debido a que, tras el cambio de gobierno en marzo pasado,  la mayoría de los integrantes de la Comisión serán de partidos derechistas.

Andes Iron pretende extraer de la mina 12 millones de toneladas de concentrado de hierro y 150 mil toneladas de concentrado de cobre durante los próximos 26 años. Además, planea construir un puerto para sacar el mineral.

El proyecto ha causado una gran controversia entre los que abogan por la inversión, pues crearía diez mil puestos de trabajo, y los que insisten en que el desarrollo debe ir de la mano de la protección ambiental.

Dominga estará ubicada a 35 kilómetros al sur de las reservas marinas Islas Choro-Damas, Isla Chañaral y la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt, donde habita alrededor del 80 por ciento de la población mundial de esos pingüinos, nutrias de mar, ballenas azules y ballenas fin, lobos de mar, la única colonia en Chile del delfín nariz de botella y aves marinas como los piqueros, algunas de estas especies en estado vulnerable, en peligro y en peligro crítico.

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Lobos de mar, una de las especies que se vería amenazada con el proyecto minero-portuario Dominga. (Crédito: María Elena Hurtado).

En agosto de 2017, el Comité de Ministros del Medio Ambiente  —conformado por los ministros de Salud, Economía, Agricultura, Energía y Minería—  no aprobó el proyecto, sumándose a la decisión de la COEVA que señaló que ponía en riesgo las reservas marinas de la zona, no definía adecuadamente el impacto ambiental y porque las medidas de mitigación, compensación y reparación eran insuficientes.

Liesbeth van der Meer, directora ejecutiva de la organización de conservación marina Oceana, criticó la decisión: “El fallo no se pronuncia sobre lo más importante y cuestionado, que son las deficiencias técnicas del proyecto, y anula la decisión del rechazo por temas formales” declaró, agregando que “la sentencia no se refiere a los efectos e impactos que Dominga producirá en la zona, lo que había fundamentado el rechazo del proyecto en las dos instancias anteriores”.

Según Carta Abierta de más de 40 científicos, los contaminantes provenientes del proyecto minero-portuario Dominga serían arrastrados por la corriente de Humboldt y por los vientos hasta las reservas marinas.

El daño ambiental que ocasionaría Dominga se potenciaría con el que causará el recientemente aprobado proyecto Puerto Cruz Grande del grupo CAP, el mayor productor siderúrgico de Chile, que se construirá a 30  kilómetros de la Reserva Marina Isla Choros. El acceso y salida de embarcaciones mayores afectará la extracción de mariscos y la pesca.

La construcción de Cruz grande no tiene avance de obras, a la espera de la decisión de la Corte Suprema frente a un recurso en contra presentado por la organización ambientalista Modema.

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Pingüinos de Humboldt. (Crédito: María Elena Hurtado).

Colombia: ¿No se afecta lo que no se ve?

En Colombia se pretende construir “una de las minas subterráneas más grandes del mundo”, con consecuencias imprevisibles para el entorno, advierte Oscar Alejandro Pérez-Escobar, investigador asociado del departamento de ciencias biológicas y ambientales en la Universidad de Gotemburgo, Suecia, en diálogo con SciDev.Net.

Se refiere al proyecto de minería de oro en Santurbán, complejo natural ubicado al norte de la cordillera oriental de los Andes, con una extensión aproximada de 142.000 hectáreas, que iniciaría en el 2021 con miras a extraer nueve millones de onzas de oro en los próximos 20 años mediante minería subterránea.

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Paisaje del ecosistema de páramo con su flora característica. (Crédito: Grupo Áreas Protegidas, CORPONOR bajo licencia Creative Commons).

Minesa estima una inversión de alrededor de US$1 mil millones en los próximos cinco años y anuncia que en la operación, generará más de 700 empleos directos, de los cuales 70 por ciento serán de la región, y un total de 4.000 empleos incluyendo indirectos.

La Autoridad Nacional de Licencias Ambientales analiza actualmente el estudio de impacto ambiental y deberá decidir en este año si aprueba el proyecto.

Una carta publicada en la revista Science, firmada por 14 científicos colombianos y extranjeros, la mayoría en centros de investigación de Europa y Estados Unidos,  alerta a las autoridades ambientales sobre los riesgos de la minería subterránea para los ecosistemas de páramos, como el desplazamiento de sus habitantes y la fragmentación y pérdida del hábitat, poniendo en peligro de extinción su flora y fauna.

Esos sistemas son proveedores de servicios esenciales para la sociedad –como fuentes de agua– y albergan una gran biodiversidad. Por eso sugieren “promover la preservación y restauración activa de páramos y bosques andinos, particularmente por ser un área biológicamente importante del país”.

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Laguna Macho (derecha) y Surcura (izquierda) dentro del Parque Natural Regional Santurbán Mutiscua-Pamplona. (Crédito: Grupo AME CORPONOR bajo licencia Creative Commons).

Brigitte Baptiste, directora del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, aclara que hay dos tipos de minería en el complejo de Santurbán: la gran minería empresarial, actualmente en cabeza de la empresa Minesa, y la pequeña minería ancestral. “En cualquier caso ambos tipos de minería están en la transición entre el páramo y los ecosistemas inferiores en una región que ha sido muy intervenida”, comenta a SciDev.Net.

Agrega que la minería artesanal de oro ha sido parte de la actividad económica de sus pobladores. “Allá no hay nada más que hacer y no lo ha habido durante 400 años”.

Independientemente de su ubicación, Pérez-Escobar explica que “es necesario comprender cómo se alterarían los sistemas acuíferos de la zona”. Y continúa: “El páramo como tal no es un solo tipo de paisaje que uno ve superficialmente; es un ecosistema muy complejo cuya existencia está ligada a la geología de la zona donde ocurre y de los cuerpos de agua subterráneos”.

Propone más estudios para determinar los efectos que tendría el proyecto Minesa. “Nosotros no estamos en contra de la minería sino del proyecto megaminero como tal”.

Para Baptiste, “se trata de una oposición no tanto a la minería en sí, sino a la presencia de inversiones multinacionales. Es más una resistencia ideológica y legítima”.

 

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