E n medio de la compleja situación de reactivación económica que vive el país se nos ha presentado una oportunidad única, no solo de crecimiento, sino también de desarrollo económico. En julio se confirmó el descubrimiento de 2.5 millones de toneladas de carbonato de litio en Puno, efectuado por la empresa Plateau Energy. Por su volumen, esta sería la quinta reserva más grande del mundo, sumándonos así a Australia, Chile, Bolivia y Argentina como principales abastecedores internacionales de este recurso. Esto diversificaría nuestras exportaciones, hecho crucial considerando la reducción sostenida del precio del cobre, producto de la guerra arancelaria entre Estados Unidos y China.

A partir de la crisis petrolera del 2013, el litio se vislumbra como un remedio contra la depresión petrolera internacional y como uno de los principales protagonistas en la lucha contra las emisiones de carbono. El 29% de la demanda mundial de litio se concentra en la producción de las baterías recargables de iones de litio que se utilizan en teléfonos, computadoras portátiles y vehículos eléctricos, debido a sus propiedades de larga duración y falta de “efecto memoria” (no pierden su capacidad máxima de energía). De acuerdo con Eduardo Soto, CEO de Phineal, hoy vivimos el boom de las baterías de litio: la demanda por automóviles eléctricos crece a tasas de 11% anual y las industrias están migrando a sistemas de almacenamiento energético.
El contexto internacional haría viable la formación de una organización similar a la Organización de Países Exportadores de Petróleo por parte de los países extractores de litio. En la actualidad, la OPEP influye en el precio del petróleo, determina los niveles de producción y ejerce influencia política a escala internacional. Este escenario es económicamente factible debido a que el litio no se comercializa en bolsas internacionales, sino que se negocia de manera directa.

Hoy, Argentina y Chile desarrollan proyectos para consolidarse como superpotencias del litio y expandirse en la cadena de valor de las baterías eléctricas. En el ámbito local, la discusión no debe centralizarse solo en las exportaciones, sino también en la creación de una industria sostenible capaz de desarrollar valor productivo. En paralelo, las inversiones extranjeras se deben direccionar a la especialización del talento local. Por ejemplo, una de las principales dificultades que enfrenta Argentina es la escasez de trabajadores calificados para la extracción de litio.

El Ministerio de Energía y Minas debe tomar la iniciativa y desarrollar una hoja de ruta que viabilice el desarrollo de productos finales y la incorporación de la electromovilidad en el país. Se debe iniciar con el establecimiento de comisiones que puedan regular el desarrollo de las operaciones, incentivar la participación de empresas nacionales e internacionales y generar contratos de largo plazo.

Fuente;Alan Rodríguez Manrique/El Peruano

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