“[…] donde hay explotación minera habrá corrupción de funcionarios, quienes son los más interesados en que estas compañías vengan por el enorme caudal de “dinero bajo la mesa” […]”

¿Recuerdan ustedes el argumento de la película Avatar I? Fue una de las producciones cinematográficas más taquilleras de la historia y la primera en romper el “récord en recaudación” en cerca de seis semanas (más de mil millones).

La película se centra en la lucha que se lleva a cabo entre los habitantes de una luna llamada Pandora (los navis) y una especie de consorcio empresarial-militar, el cual está enormemente interesado en un mineral (unobtainium), que se encuentra precisamente ubicado debajo de un gran árbol que sirve de asentamiento de los navis.

Para obtener el mineral, los “empresarios” apelan primero a un programa de educación y ayuda a los navis, los cuales son considerados como “salvajes”, porque no acceden a las demandas de los humanos. Uno de estos representantes empresariales, en tono molesto, le recrimina a una científica ambientalista (Sigourney Weaver) que, gracias al mineral que buscan, se pueden pagar sus “investigaciones”. Es decir, por encima de la ciencia y el ambiente está el deseo de extraer el mineral que genera millones, lo que, en realidad, es lo que importa.

El argumento de Avatar es netamente a favor del medio ambiente y de la vida de los habitantes de Pandora que están dispuestos a unificar sus clanes y morir en una guerra por salvar el patrimonio de la “madre naturaleza” o “madre tierra”.

Pero Avatar también recoge de manera implícita, la lucha que han sostenido muchos pueblos de América contra la presencia nefasta de las compañías multinacionales que se enriquecen con la extracción de minerales como el cobre, oro y plata, que han traído consecuencias funestas al ecosistema en los países donde han estado.

La excusa que se esgrime dentro de las campañas publicitarias de las “Mineras” es la generación de empleo y los enormes ingresos que entraran al país donde ellos se instalan, pero lo cierto es que, al igual que muchos productos que se ofrecen al mercado, la explotación minera utiliza una propaganda engañosa, en especial para las poblaciones de campesinos e indígenas donde se encuentran muchas de las vetas.

La utilización de cianuro, mercurio y otras sustancias en la obtención de oro y cobre ha demostrado ser letal para la salud de las personas que habitan y trabajan alrededor de las minas. Ni hablar de la contaminación de los ríos y bosques con sustancias que, hasta la fecha, son desconocidas por los Gobiernos que otorgan permisos de explotación.

Existen decenas de ambientalistas que han sido asesinados por oponerse a la explotación minera en sus países y la lista de estos homicidios la encabezan México, Brasil, Perú y Chile.

Según el Observatorio de Conflictos Mineros en América Latina (Ocmal) se han registrado cerca de 300 conflictos sociales en el continente con saldos de muertes, desapariciones y heridos, siendo los casos más emblemáticos Chile, Perú y México.

Parte del “lobby” de las compañías mineras consiste en un “discurso bondadoso” y “mareador”, que habla de desarrollo para los países y regiones donde ellos tienen asentados sus “campamentos”, pero también está el “salpique” en millones a los Gobiernos y funcionarios de turno, quienes, sin ningún tipo de desparpajo, nos cuentan que en “la minería está la posible salida a nuestros problemas económicos”, igual como en Avatar se les hace notar a los “nativos” que la solución a sus problemas está en que se dejen “despojar”.

Donde existe explotación minera siempre habrá violencia, puesto que los Gobiernos no dudarán en el empleo de la fuerza contra los pueblos que se oponen a las mineras. Donde existe explotación minera también hay contaminación y un daño irreversible al medioambiente, a pesar de las “propagandas manipuladoras” de Minería “responsable”. Y también donde hay explotación minera habrá corrupción de funcionarios, quienes son los más interesados en que estas compañías vengan por el enorme caudal de “dinero bajo la mesa” que las minerías promueven.

Fuente; LA ESTRELLA DE PANAMA

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