Chile es el segundo productor mundial de carbonato de litio para baterías (LCE), un componente esencial de las baterías de los carros eléctricos, y durante mucho tiempo ha superado a Argentina y Bolivia a la hora de atraer inversiones para su extracción. Pero una serie de acontecimientos está cambiando el llamado “triángulo del litio” de América Latina.

Bolivia, con los mayores yacimientos del mundo, se ha asegurado nuevas inversiones multimillonarias, y el sector argentino del litio, poco regulado, avanza a toda velocidad. En cambio, en Chile no hay nuevos proyectos en marcha y aún no ha concluido la reforma del sector prevista por el presidente Gabriel Boric, que pretende ampliar la participación del Estado.

Y sobre estos tres actores se cierne una competencia mundial que avanza a gran velocidad. Los aumentos de producción en Australia y Brasil, así como los descubrimientos en Estados Unidos, han aumentado la presión para asegurar nuevas inversiones en un mercado en rápida expansión. Y la multinacional Exxon anunció su incursión en la producción de litio, su primera gran inversión fuera de combustibles fósiles (ver nota anexa).

Con tecnologías de baterías alternativas ya en desarrollo, Argentina, Bolivia y Chile tienen una ventana de oportunidad limitada para capitalizar la corriente de capital extranjero que se dirige hacia los salares andinos antes de que el camino de menor resistencia se desplace a otra parte, dijeron los analistas a AQ.

“No hay nuevos contratos de extracción” que hayan llegado a fases de producción desde que se cerraron dos contratos existentes en Chile a finales de la década de 1970, declaró a AQ Thea Riofrancos, profesora de Ciencias Políticas del Providence College.

Mientras Chile hace aguas…

La incertidumbre en torno a la estrategia de litio de Boric no ha ayudado a las perspectivas de crecimiento de Chile, ya que no se han anunciado nuevas inversiones desde abril y los contratos preexistentes siguen siendo inciertos. Mientras tanto, se espera que la demanda mundial de LCE aumente un 25 % anual durante la próxima década.

Eso no significa necesariamente que la producción chilena no vaya a reanudar su crecimiento una vez finalizado el marco regulador. “Los inversores han querido invertir en Chile y se han enfrentado a barreras de entrada, y esto podría eliminar algunas de esas barreras”, dijo Riofrancos, refiriéndose a la falta de inversión de Chile en nuevos proyectos de litio, incluso antes del anuncio de la estrategia del litio.

Y no hay que descartar las dos plantas existentes en Chile: Sociedad Química y Minera de Chile (SQM) y Albemarle, las mineras que operan respectivamente las dos plantas, tienen previsto aumentar la producción en el Salar de Atacama entre 140.000 y 180.000 toneladas de LCE para 2030, según José Hofer, exanalista del Ministerio de Minería de Chile y gerente de inteligencia de negocios de SQM.

Aun así, Hofer subrayó que el alcance de esa expansión depende de los resultados de las negociaciones contractuales en curso entre SQM y Codelco, la empresa estatal chilena del cobre.

Argentina, hacia adelante

Mientras que muchas partes de la economía argentina se consideran ámbitos en los que la intervención del Gobierno es frecuente y contundente –por ejemplo, su mercado laboral altamente regulado y una desconcertante variedad de tipos de cambio–, cuando se trata del sector del litio, descentralizado y regulado por las provincias, la historia es diferente.

A diferencia de las estrategias centralizadas de Chile y Bolivia, los recursos de litio de Argentina pertenecen a las provincias.

Estas –y no el gobierno federal– recaudan un 3 % de regalías por la extracción de litio (frente a un tope del 40 % en Chile y del 45 % en Bolivia), y el entorno empresarial está relativamente libre de supervisión estatal para las empresas mineras extranjeras, lo que atrae a un variado abanico de inversores a las provincias de Jujuy, Salta y Catamarca.

En 2022, Argentina produjo 33.000 toneladas de LCE, el segundo país de la región y el cuarto del mundo. Una tercera mina entró en funcionamiento en junio pasado, otros dos proyectos se completarán este año y tres están en construcción. El país tiene otros 41 proyectos en fase inicial cuya finalización está prevista para después de 2025.

Según datos gubernamentales y estimaciones de los mineros, se prevé que la producción nacional de litio de Argentina se quintuplique para finales de 2025, lo que equivale a un impulso de alrededor del 1 % del producto interno bruto actual. “Argentina será capaz de superar las 200.000 toneladas de LCE en 2032-2035”, afirmó Hofer.

Sobre el futuro del sector del litio en Argentina planea el impacto social de la extracción del metal. “La expansión de estas plantas de litio seguramente provocará algún tipo de desplazamiento o conflicto”, dijo Ernesto Picco, autor e investigador de la Universidad Nacional de Santiago del Estero. Picco señaló que “el impacto ambiental de la extracción de litio aún no ha sido medido en su totalidad”.

La regulación provincial de los mineros del litio es como “la ley de la selva”, con canales de comunicación limitados entre las empresas y las comunidades locales. Ya está empezando a surgir una respuesta social: por ejemplo, en el Tercer Malón de la Paz, una protesta que saltó a los titulares el pasado mes de agosto cuando los manifestantes exigieron en Buenos Aires una mayor consulta a las comunidades y un compromiso más amplio con los derechos sobre el agua de las comunidades indígenas de la provincia de Jujuy.

Chile y Argentina firmaron recientemente un “memorándum de entendimiento” para establecer el Grupo de Trabajo Binacional de Litio y Salares, hito que institucionalizó la colaboración que ambos Estados han desplegado desde junio de 2022 con el fin de “intercambiar experiencias entre empresas y equipos científicos, la formación y capacitación de recursos humanos y el estímulo al desarrollo de los encadenamientos productivos relacionados con esta industria”, una de sus áreas compartidas con mayor proyección productiva.

Además, Tesla Inc. está trabajando para iniciar operaciones en Chile. La empresa registró la marca Tesla Chile SpA, según una publicación en el Diario Oficial de Chile con fecha 28 de septiembre. La unidad puede realizar actividades como la venta y fabricación de carros y aquellas relacionadas con la “generación de energía y electricidad”.

Por su parte, en Argentina, la minera canadiense-argentina Lithium extenderá sus proyectos de litio Rincón Oeste y Antofalla Norte, en el norte de ese país, tras celebrar acuerdos para sumar dos concesiones mineras sobre salares vecinos.

¿Y Bolivia?

No obstante poseer los recursos confirmados de litio más extensos del mundo, Bolivia, el tercer vértice del triángulo, ha sido hasta ahora incapaz de extraerlos desde que se nacionalizó la industria en 2009, y la producción solo alcanzó 600 toneladas de LCE el año pasado a partir de un proyecto piloto.

Sin embargo, esta dinámica puede estar cambiando: dos proyectos firmados recientemente por valor de US$ 1.400 millones cada uno, entre la empresa estatal Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB) y empresas chinas y rusas, pretenden producir 100.000 toneladas de LCE al año para finales de 2025 en los inmensos salares de Uyuni y Coipasa. Bolivia y la empresa Altimin, de la India, también firmaron un convenio de dos años prorrogables para desarrollar tecnología para la fabricación de baterías de iones de litio. Y a mediados de diciembre, Bolivia anunció un acuerdo por US$ 450 millones con la estatal rusa Uranium One Group, para la explotación de este mineral.

Conocidos por poseer los yacimientos técnicamente más complejos, los proyectos de litio en Bolivia deben superar una espiral de costos, infraestructuras insuficientes y un déficit de mano de obra local cualificada, además de la nueva exigencia de utilizar una tecnología novedosa que no se ha probado en absoluto a gran escala. Por ello, los expertos se muestran escépticos. “Es imposible” que estos proyectos alcancen sus objetivos de producción, afirma Chris Berry, fundador y presidente de la consultora House Mountain Partners.

“Esto va a llevar años. Me sorprendería que ocurriera antes de 2027 o 2029”, agrega.
Con el estancamiento del sector del litio en Chile y las perspectivas inciertas en Bolivia, todas las miradas están puestas en Argentina y en si su auge traerá prosperidad y relevancia internacional o una agitación social que haga descarrilar la industria.
En cualquier caso, el destino de Argentina servirá de indicador a otros países ricos en litio de la región con grandes esperanzas de futuro.

Aún no está claro si la industria del litio pasará a formar parte de la larga historia latinoamericana de relaciones tensas con abundancia de recursos minerales. Pero parece que Argentina tendrá la próxima oportunidad de escribir un capítulo.

Fuente : JACK QUINN (*)
AMERICAS QUARTERLY / El Tiempo

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