El sistema Tierra, tal cual lo conocemos en la actualidad corresponde de manera tácita a la concatenación de los diversos procesos geológicos que han peinado la parte más superficial de nuestra litosfera, modelando así las caprichosas manifestaciones geomorfológicas y actuales condiciones atmosféricas para la proliferación de la vida tal cual hoy la practicamos sobre nuestro globo. En la actualidad, los seres humanos hemos llegado a alcanzar un elevado desarrollo tecnológico, el cual incluso nos ha permitido pensar en la colonización de adyacentes cuerpos celestes de nuestro sistema solar, Marte es un ejemplo. Sin embargo, la pregunta nace de manera inminente en: ¿Cuál ha sido el precio del actual estado de desarrollo a nivel global y cuál será nuestro destino?

Claramente el escenario ambiental que vive nuestro planeta producto del calentamiento global es inmensamente preocupante, donde los gases de efecto invernadero (dióxido de carbonometano, entre otros) juegan un papel crucial en nuestra atmósfera, ya que estos son los agentes encargados de regular la disipación y almacenamiento de calor, la cual se traduce en la temperatura superficial.

Es anecdótico observar que desde el comienzo de la era de la Revolución Industrial hasta el actual periodo, la civilización ha apretado el acelerador en la contribución negativa del cambio climático, interrumpiendo considerablemente la conservación de los ecosistemas. El escenario actual del cambio climático ha llegado a un punto irreversible, el cual ha sido fundamentalmente catalizado por el factor antrópico, debido a la quema excesiva de combustibles fósiles, elevando así de manera considerable la liberación de gases de efecto invernadero a nuestra atmosfera.

Según lo expresado por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) el gran efecto del cambio climático induce al aumento paulatino en la temperatura promedio de la superficie terrestre, así como también en los océanos, sin menospreciar la fuerte perturbación en el ciclo de precipitación, cambios de intensidad de eventos climáticos y un considerable aumento en el nivel del mar. En este punto, quizás es importante reflexionar sobre el alarmante escenario que estamos atravesando.

La proyección del escenario ambiental que heredarán las futuras generaciones es fatal, considerando que las proyecciones estipuladas para fines del presente siglo mencionan un aumento en la temperatura superficial de 3 a 5 °C y un aumento eustático entre 45 a 80 centímetros. En el caso utópico, en que la humanidad tomara conciencia sobre el cambio climático y redujera considerablemente la quema de combustibles fósiles, estos se reflejarían recién dentro de un siglo, ya que uno de los gases más populares dentro de este debate es el dióxido de carbono, causal del 63% de calentamiento global, y tiene un promedio de estancia en la atmósfera de 50 a 200 años.

A nivel global las naciones que más contribuyen en el impacto negativo del cambio climático son China (30.3%), Estados Unidos (13.4%), India (6.8%) y Rusia (4.7%) con su emisión de dióxido de carbono dominada por actividades tales como la quema de combustibles fósiles, transporte, calefacción, urbanismo, agricultura, minería y ganadería. La realidad de Chile es bastante desigual y muestra una brecha considerable en la contribución al cambio climático con respecto a estas nacionales, sin embargo, es apropiado guardar mesura en proporción al número de personas por nación.

A modo local, nuestro país, que mantiene una tradición minera desde el siglo XIX, y que otorga una contribución económica mayor al 10% del PIB, invita a cuestionar en lo siguiente: ¿Cuáles han sido las consecuencias que hemos pagado? y ¿cuánto contribuyen las malas prácticas mineras en el cambio climático? En este sentido la respuesta no es trivial, ya que la cuantificación de lo efectos es incuantificable. A pesar de que Chile se ha declarado como un país que intenta remediar el efecto negativo del cambio climático, existe registro a lo largo de nuestro país que incentiva a cuestionar esta política, en donde dramáticos escenarios reflejan la carencia de moral y empatía de algunas industrias con el medio ambiente y particularmente con los ecosistemas.

Probablemente los temas relacionados con la minería lideran la discusión y abren el debate, el cual está lejos de terminar. Por ejemplo, en la parte central del país, la localidad el Melón, la cual es considerada como zona de catástrofe por su estado permanente de sequía, ha expresado que sus principalmente dispensadores de agua potable corresponden a pozos comunitarios, los cuales en la actualidad se encuentran secos, sin embargo, de manera concomitante la región otorga importantes retribuciones económicas al país a través de la industria minera liderara por Anglo American, así como también la industria agrícola a través de la venta de paltas. Entonces, ¿como una zona con una agudizada escasez hídrica puede fomentar las prácticas mineras, considerando además que la transnacional posee el derecho de ocupar 453 litros por segundos? O ¿por qué la industria de la palta utiliza 427 litros de agua por kilogramo? Otro caso que recientemente generó bastante descontento en la sociedad fue “Pascua Lama”, el cual practicó una grosera e irrespetuosa intervención en la población de glaciares de la alta cordillera, además de amenazar el medio ambiente en el valle del Huasco, motivo por el cual el primer tribunal ambiental falló en contra, sentenciando el cierre y cesación de las actividades de Barrick Chile.

En estos últimos días la alarma se ha vuelto a activar por el proyecto minero “Dominga”, el que tiene pensado explotar recursos minerales de hierro y cobre, practicando la desalinización. Si bien el proyecto Dominga durante el transcurso del año 2017 fue rechazado por carecer del apoyo de la Comisión de Evaluación Ambiental de Coquimbo y el Comité de Ministros del Servicio de Evaluación Ambiental, debido a las elevadas amenazas negativas al ecosistema marino. En la actualidad y de manera sorpresiva, el escenario de Dominga es totalmente opuesto y con US$ 2.500 millones invertidos, la Comisión Ambiental de Coquimbo aprobó con 11 votos a favor y uno en contra el proyecto, dando así luz verde a la propuesta de Dominga, sin embargo, es necesario esperar el veredicto de la Corte Suprema.

Dominga, está hipotéticamente deseando intervenir una porción de la reserva nacional Pingüino de Humboldt que corresponde a un archipiélago que alberga a 68 especies de vertebrados y 59 especies de plantas, las cuales entregan un privilegiado ecosistema caracterizado por su endemismo. Esta reserva corresponde a uno de los más destacados lugares a nivel mundial, debido a su majestuosa diversidad, destacando el Pingüino de Humboldt, especie endémica en extinción, con un 80% de su población en el área y que practica su nidificación in situ en la reserva, además de observar colonias de lobos marinos de uno y dos pelos, chungungos, yacas, delfines nariz de botella y en ocasiones tortugas marinas, toninas y ballenas. Paralelamente, dentro de las plantas vasculares destacan las añañucas amarillas, lirios, entre otras.

Por lo tanto, las autoridades encargadas de evaluar, dan el visto bueno a este cuestionado proyecto, el cual estipula una considerable intervención en el hábitat y rutas de movilidad de las diversas especies, tales como la de los pingüinos de Humboldt, el lobo de un pelo, y muchas otras. La intervención al ecosistema marino podría gatillar consecuencias fatales e irreversibles. Consideremos que el actual quimismo del océano se ha visto fuertemente perturbado por importantes toneladas de basura y químicos industriales, afectando a todos los organismos que habitan en este, así como también la cadena trófica, entonces, ¿por qué es importante generar cultura sobre los océanos? Bueno, los océanos son los grandes protagonistas de esta lucha, ellos absorben cerca del 90% del exceso de energía generado por el aumento considerable de los gases de efecto invernadero, además la disolución de dióxido de carbono los ha vuelto paulatinamente más ácidos.

Pocos recuerdan que la proliferación de la vida nace en y desde los océanos, en donde los organismos tales como las algas y otros más oxigenaron y modelaron durante millones de años las condiciones atmosféricas que permitieron y permiten la proliferación de la vida. Recientes estudios han recalcado el importante rol que cumple en los ecosistemas marinos, por ejemplo, el fitoplancton, el cual es el encargado de producir cerca del 50% de oxígeno de los océanos, en donde si la población de este se redujera a la mitad, entonces los niveles de oxígeno caerían en un 25%. Además, debido al cambio climático y la intervención en los ecosistemas marinos, las especies se han desplazamiento considerablemente hacia los polos en busca de condiciones óptimas para practicar la vida.

¿Estaremos extinguiéndonos? Al indagar los 4.500 millones de años de historia geológica de nuestro planeta, es posible mencionar al menos cinco (5) extinciones masivas, y en este punto es importante aclarar que una extinción masiva alude a una drástica disminución en el número de especies. Durante el periodo Ordovícico, cercano a los 485 millones de años, la vida se concentraba en el mar, sin embargo, la formación de importantes masas glaciares cubrió una gran porción terrestre y hubo una importante disminución eustática, gatillando la extinción del 85% de los seres vivos. Subsecuentemente, durante los periodos Devónico-Carbonífero, cercano a los 360 millones de años, se registra la segunda extinción masiva, causando la desaparición del 82% de los seres vivos marinos, el causal principal es desconocido, aunque se ha atribuido a un enfriamiento global. La tercera extinción masiva, registrada durante el Pérmico, en donde el 92% de la población marina desaparece como consecuencia del movimiento y amalgamación de grandes masas continentales, gatilló el cierre de grandes océanos, estableciendo el supercontinente Pangea. La desfragmentación de Pangea favorecida por un intensa actividad volcánica e impactos de meteoritos durante el intervalo Triásico-Jurásico, generó la exterminación del 76% de los seres vivos. Finalmente, el evento más bullado corresponde a la quinta extinción, ocurrida hace 65 millones de años, producto del impacto del meteorito en el Golfo de México, lo que provocó la extinción del 75% de las especies y la total desaparición de los dinosaurios.

Por lo tanto, y a modo de reflexión, la historia de habitabilidad en sistema Tierra nos invita a cuestionar el destino de las especies que hoy actuamos en este planeta, pensando en que estamos inmersos en una carretera con destino a la extinción, y si bien este destino es totalmente normal dentro del extenso periplo geológico, no debemos subestimar que el actual egocentrismo y ambición de poder y recursos de la especie humana han amplificado, catalizado y acortado considerablemente la ruta al destino, fomentando de esta manera la sexta extinción masiva, con un origen no natural sino más bien antrópico.

Fuente; Diego Rojo M./El Mostrador

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